
Como a veces ocurre en este país, fue uno de los artistas internacionales mejor considerados, pero en España era casi un desconocido.
Lo descubrí un poco antes de que anunciaran su muerte, cuando le dieron el Premio Nacional de Artes Plásticas en el 2000; luego de forma súbita me sorprendió su muerte, cuando apenas lo había descubierto. No se muy bien como describir el impacto que me produjo conocer su obra, conocer su mundo..fuego y silencio,ardor y sutil poesía.
Supongo que me empezó a interesar, al conocer que su vida y obra, no iban separadas; que su obra lleva consigo su personalidad. Por lo visto, era agitador, polémico y deslenguado.
Sus esculturas emanan una profunda reflexión sobre la condición humana, la soledad..
“Cuando era niño, al volver a casa, encontraba a veces que mi madre había cambiado los muebles de lugar en las habitaciones. De modo que abrías la puerta de tu dormitorio y encontrabas que tu cuarto ya no era el tuyo sino el de tu hermano, y que una habitación más allá del salón era ahora tu dormitorio, con todas tus cosas dentro y con tus carteles colgados en las paredes. Te acostumbras a ello con el tiempo hasta que un día las habitaciones volvían a cambiar. Yo crecí con esta experiencia de la dislocación. Te sientes incómodo, aunque dentro de una extrema normalidad“
Poseía una curiosidad sin límites, todo lo interesaba, era un gran observador.
Juan Muñóz se expresaba para remover ideas y demostrar que hay otras maneras de pensar. Sobre todo para defender a gente que él respetaba y que aquí no era suficientemente valorada.
Cuando se disponía a cenar el 28 de agosto en su casa de verano en Santa Eulalia (Ibiza), Juan Muñoz falleció súbitamente. Tenía 48 años, estaba casado con la escultora Cristina Iglesias y atravesaba uno de sus mejores momentos. En España, el último Premio Nacional de Artes Plásticas celebraba su obra y, en el extranjero, sus figuras llenaban la Tate Modern de Londresrn de Londres. Se inauguró en Washington una retrospectiva en Estados Unidos con casi 60 obras realizadas entre los años 80 y su fallecimiento.
Hemos perdido no sólo un artista importantísimo, sino a una de las voces críticas más libres,capaz de decir sin temor lo que pensaba.
“Me gustan los momentos en los que nada ocurre, cuando, por ejemplo, un hombre pregunta: ¿Tienes fuego?“
(Juam Muñoz: “El rostro de Pirandello”)
No hay comentarios:
Publicar un comentario